jueves, 19 de junio de 2008

SIN TITULO


¿Qué pasará cuando te encuentre de frente? Sabrás acaso sobre las veces que te he visto de lejos con uniforme, y el espanto que me causa encontrar en otra mujer tu cabello castaño ondulado o el aroma a cigarro de tus labios. No sabrás cuánta angustia. Pero sé que tendrás los ojos fijos de gata triste.

Te diré que deje la poesía por un puesto burocrático. Te presentaría a mi hija que tiene los ojos grandes como te dije que los tendría, que lleva el segundo nombre por ti y que no lo sabe mi mujer. Qué más agregaría, aún guardo el libro de Borges y el listón de tu cabello. Tu fotografía con girasoles y el poema que prometiste terminar. Preguntarás si aún voy solo a la playa; yo afirmaré que las gaviotas siguen cayendo con la alegría inevitable de la melancolía. Porque es cierto, la melancolía es la dicha de estar triste; eso decías.

Jugarás con mi niña, ella te dirá que conoce a un minotauro. Me mirarás extrañada con aquellos ojos de amor que siempre entendieron de sorpresas. Te invitará a que la acompañas a su cuarto. Mamá no está. Las muñecas, el vestido y los libros de cuentos anglosajones. Papá me los lee. Serán los mismos ojos de la princesa que se pierden entre las zarzas, el mismo viaje o la ineludible reminiscencia de mi cabeza sobre tu regazo.

Tú no tienes hijos. Sé que aún vives en el mismo cuarto por el centro de la ciudad; que compartes con los gatos la manía de desvanecerse por días o semanas. Has despertado en muchos lechos ¿Aún no encuentras descanso? A tu lado los cuerpos solo son fluidos blancos de certidumbre. Te ves desnuda y recuerdas la primera vez que me preguntaste si eras bonita. Un beso triste traspaso esa noche de agosto hasta clarear en el azul de los cuadros de tu habitación, una respuesta qué sencilla; siempre fue inefable.

Continúas escribiendo esas novelas con el mismo personaje, un profesor jubilado que se dedicaba a pintar; con el tiempo supe que tu padre murió joven y nunca hizo una exposición. Llenabas esos cuadernos escolares gigantescos con técnicas de narrativa anglosajona, yo bostezaba mientras acariciaba tu espalda con la intención de que notarás el realismo mágico de nuestra piel. Porque en aquellos días todo era nuestro, privativamente, hasta los parques y los mendigos a los que dabas de comer.

Puedes acariciarle el cabello, mi hija te mostrará sus pinturas de pajaritos en nidos, todos de colores claros; verás que es una niña feliz, tiene mucho de su madre. Al final me casé con esa compañera de la universidad de la que no estaba enamorado, pero seguía a todas partes. Alguna vez me dijiste que la conocías, que entendías; pero ¿qué entendías? Entonces no podía mas que afirmar el amor que te tengo, como la teoría de la relatividad o la ley gravitacional de Newton, compuse canciones, poemas cursis y demás aseveraciones, besé tu vientre y acaricié tus pies, contemple tus cuadros y dormí sobre tus senos; y dentro de la profundidad de tu cama me pregunté infinitesimalmente a quién más podría amar.

Es terrible, quieres a mi hija. Vendrás a jugar otro día. Tú afirmas con esa sonrisa infantil que se escapaba extrañamente a pesar de toda tu solemnidad intelectual. Pintaremos algo, que sea azul. Deberías llorar. Quisiera ver tus lágrimas; esas que escondiste detrás de la puerta del baño cuando te dije que me marcharía. Aquella vez no debió dolerte, total solo te amaba y nos acostábamos eventualmente o quizás también lo hacías, esa estúpida retórica de también querer al que nunca diste mayor importancia que unos tragos o la compañía de soledades mutuas.

Cuando te miro me veo a mi. La media luna de tu sonrisa, tus senos pequeños escondidos bajo tu uniforme, tu vientre llano fértil, tus caderas que desembocan en el llanto de un recién nacido que jamás se escuchará ¿Qué entendías? Tal vez el destino de nuestra incompatibilidad o mas bien mi naturaleza de hombre medio, casado, de familia, con trabajo y auto. Tú siempre serás la continuidad fatal de mi amor más puro. Lo incognoscible y lo hermoso; lo que nunca tendré porque lo verdaderamente bello te destruye, lo recuerdas eso siempre me decías.

Papá, ella es igual de bonita que mi mamá.



Nota: Mil disculpas este texto es irresponsable. Compuesto por aburrimiento lúdico y una lucha antidepresiva de la común lectura de Rulfo y las canciones de Serrat.



Una de mis canciones favoritas Lucía. Interpretada por Rosario Flores.


4 comentarios:

Ivanex dijo...

ste texto se diferencia del resto porque es muy descriptivo en base a la vida de los personajes, como si los conocieras de toda la vida. Algunas lineas son sublimes, exitos.

EGO dijo...

No todo van a ser textos cargados de poética, recursos literiarios o alegoría. Me encantó, y esa versión de la canción me encanta. Un saludo

WALTER TOSCANO dijo...

SIGUE CHAMBEANDO DURO.
SALUDOS.

Inés dijo...

Está hermoso...